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Las cosas perdidas

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  José Osvaldo Antequera  Argentina   El viento nos trae la música de la tierra: las hojas y la nieve las noticias, las repercusiones y las horas. Las cosas de otros pasan por la ventana soberbia del presente y nos agobian como fantasmas propios que también son nuestras pérdidas. También los gestos individuales traídos por la escoba del viento. Lo que hicieron los niños tras ingerir las uvas para el cuadro de Murillo. Se arremolinan embistiendo pasos imitando acciones para los que vendrán. El viento nos recuerda el olvido la secuela de los pecados del mundo. Personificamos el dolor que padecieron otros semejante al que sufrirán más allá de nosotros. Las cosas perdidas siempre vuelven a interpelarnos confrontación que nos recuerdan los estragos de papel envoltorios de obsequios desaparecidos, insumos y caprichos deambulan por la noche cual medusas de plástico. Como nuestra desidia y negación de que somos uno entre todos con todo con

Devenir

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Edith Montiel  Argentina       La piedra desalmó mi silencio. Continué deambulando por sendas vacías. Deseché palabras rehuí miradas arranqué restos de flores tardías.   Un grito alcanzó mis pasos. Marcaba huellas ahondaba heridas. Alcé los ojos hacia el infinito. Allí, inaccesible transcurría la vida.

Flores que queman

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  Micaela Aguirre  Argentina     Cada pétalo va cayendo al llegar a la cama dejando raíces penetrables por el camino, el néctar en las flores aparece con los movimientos que logran gestar un campo de margaritas.   Busco y junto cada noche los pétalos y espero prenderlos. Los encuentro y pongo arriba de la cama y me subo con ellos buscando quemarme con carne. Mojo los tallos y me quito la voz debajo de la falda.   Las flores se desnudan, desean, embriagan, abren, gimen, empapan, dilatan, queman. Dejan cada noche los labios en la sala de espera para que los empapen.   Cada noche se huele humedad en el jardín.   Las flores se derriten y florecen, llegan a la cima y se van.

Autodestrucción

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  Yess Ramírez  Cuba   Y cuando llegue el tiempo de la muerte ponedme ante el espejo para verme. Virgilio Piñera     Desde este cuarto isla sueño mis derrotas. Útero infecundo donde se agolpa un sentimiento que apenas reconozco, y ese espacio que reclamo me deja solitaria.   Al lado mis padres cavan, las palas se pierden en la profundidad de su disgusto, simulacro de imagen f-a-m-i-l-i-a-r que me produce escaras.   Al lado mi hermana se restriega el ombligo escribe un poema modernista, y aparece junto al arrecife, náufraga de sus imprevisiones.   Mis padres continúan cavando en horas discontinuas, saben que el tiempo es el hilo que envuelve la esfera, que nada pueden hacer contra el desgano y la contorsión de esos miembros que aseguran los doctores, eran míos.   La isla se achica en medio de las rejas, la isla teme que perezca pero solo contempla y me des-hace.   Al lado mis padres se detienen, al lado mi

Ausencias

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  María Cristina de Blasis  Argentina   En este patio trasero de helechos y de magnolias se despereza la tarde sobre las sillas vacías. Cada espacio rememora aquellos tiempos lejanos de abrazos, cuerpos y besos. Cada rincón nos recuerda cómo el descuido del hombre nos puso en esta calleja que ya no linda con nada. Y el colibrí que anunciaba la llegada de visitas de repente se ausentó, porque nadie osa venir. Todo es silencio y espera por no sabemos qué tiempo. Todo es murmullo apagado de los que otrora reían. Se replegaron nietos y abuelos, tratando de no morir. Y es tan fuerte este silencio que nos espanta en las noches. Un rayo de sol se ha colado por sobre el rojo tejado de aquellos patios traseros que perfumó el rosedal. Y en un espasmo callado de pupilas apagadas mi alma implora y pregunta… ¿Será así la Eternidad?

FILOS

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  José Ángel Valdor Illana Cuba   Sobre esta casa se edifican palabras de hormigón Los ojos pesan cubiertos de arena Padre desciende por el filo del cuchillo su sangre salpica la mesa sedimento que prepara todos los días Comparte su miseria con las hormigas Pronuncia el nombre de Cristo mientras Madre se desploma a pedazos Aquí se limpian las manos la carne que bendice la convalecencia de los pobres el pan de cada día que en su atraso consume los bolsillos para domesticar a mi padre alejarlo de las tentaciones que provocan nuestro martirio la dolorosa contienda de los rostros llevando los vestigios de la guerra que celebró junto a la guitarra la primera muerte Válganme los fallecidos Se permuta la casa…

Poesía o prosa

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  Silvana Beatríz Sosa Argentina   (Basado en una historia real)   Dos amigos se pelearon en una mesa de un bar discutieron si la prosa o la poesía es más.   Uno dijo que la prosa, literatura aceptada Y que él la defendía... con todo. a capa y espada.   Porque un texto bien armado competía por ser mejor. Y la poesía por ser corta era un género menor.   El otro dijo que el lírico como género es mejor… Expresar en pocas líneas sentimientos a montón.   Pelea va y pelea viene y no fue un hecho menor. Se agarraron con cuchillos y el poeta con tenedor.   No hace falta que les diga como esto terminó Solo sé que la poesía fue quien peor la pasó.   Su amigo con el cuchillo su torso le atravesó, y el poeta sin más palabras muy poco se defendió.   Así se cuenta esta historia de esta gran discusión de géneros literarios que tan mal se terminó.   Yo sé lo que yo les digo   que ninguno reparó es que en una óp

A la intemperie

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  Ana Gervasio Argentina si volviera, ahora, si de pronto escuchara su voz entre los gritos, si viniera a mí con su sonrisa pálida con ese débil deambular por la calle querida. si me viera ahora apoyada aquí, en el silencio, a oscuras, con las teclas en blanco, esperando una señal translúcida, un signo, que me permita sacar las manos de la madriguera, los pasos de este camino áspero donde el amor yace desnudo, a la intemperie, resistiendo la muerte frente al sol arrogante de febrero. pero no, es mejor que no vuelva, que no hable, que no repita mi nombre con aquella armonía de los tangos tristes. aquí también hay profanadores de tumbas, hay emboscadas, poesías que agonizan y muñecas despedazadas en los andenes de las estaciones. aquí también está prohibido oír el trino de los colibríes. es preferible que se quede en aquel país de espejos intangibles, aunque la tarde lo aprisione en las rendijas. aquí hay carceleros de hierro que huelen a pantano, que

Atlántico

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María Cristina Sorrentino Argentina     Montado el viento sobre lomo de crines turbias se desploma agónico en la orilla. El azul milenario desgasta la piedra roe la playa y regresa a su hondura infinita. Gotas salobres perlan los párpados quizás, las olas alguna vez fueron lágrimas en eterna noria de ausencias… Duerme la tarde. Cubren el sol bajo el horizonte sábanas de espuma. En la arena las caracolas sueltan amarras dejándose ir. Violentos embates conmueven el abismo profundo pero ella –solo ella– luna que espeja lozana bruñida negrura en diálogo sensual marca ritmos infinitos sístole y diástole –desde tiempos sin mensura– el vaivén de la marea.

Listado de los veinte seleccionados -extra Final- de la Primera Convocatoria de Poesía del GRUPO ATLÁNTICO

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  Te encontré – Walter Leandro Ianni López Luz irreprochable – Damián Andreñuk R.I.P. – Cuauhtémoc Rodríguez de la Cruz Acentuación – Denise Piderit Kalisky Cuando envejece el alma – Ana María Gallo Primístico – Sebastián Hamlin Antología – Carlos Agustín Giacomone Shonen – Hernán Alonso Sánchez Ramos Pasos – Jorge Carrasco Basta – Silvia Company de Castro La bestia – Miyuki Jenny Iwamura Carrazana Los pájaros de mi padre – Ana María Caliyuri La barbarie y la gracia – Luis Miguel Garavaglia Acaso una pandemia – Silvina Anguinetti A San Ignacio de Loyola – Juan Carlos Sinnott Fuente y Patria – Mauro Emanuel Montiel Instantes – Elvira Raggada Mendivil Corpóreo – Róger Lázaro Ynca Innovación – Eduardo Omar Honey Escandón Agua al fuego – Ana Paula Martínez Garrigós